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(1879 - 1967) |
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Zapatero hasta los 50 años - Portero en el convento de
San Francisco por 30 años - Siervo de Dios, encaminado
hacia la beatificación. En ocasión de la fiesta de la Inmaculada de 1913 vivió la experiencia de la conversión. Desde hacia tiempo abrigaba en su alma el remordimiento por una vida diferente de los ideales de su adolescencia.
El 8 de diciembre de 1913, en el santuario de la Madonna (Virgen)
en Corticelle, enconró la gracia y la fuerza para ponerse
a seguir a Jesús. Durante otros 15 años vivió en Brescia como
laico ejemplar, empeñado en el trabajo de zapatero y en una
fuerte demonstración de fe. Empezaba todas sus jornadas rezando
tres horas en la iglesia de San Giovanni (San Juan);
colaboraba con el cura de la parroquia en la instrucción
religiosa de los chicos; en su casa reunía e instruía a
los niños que no iban a la iglesia. Era amable con los
pobres: a ellos destinaba la parte de su ganancia que
no le hacía falta estrictamente. Tuvo familiaridad y amistad
con el siervo de Dios don Giovanni Battista Zuaboni, con
Giorgio Montini y con el joven Giovanni Battista Montini, futuro
Papa Pablo VI.
A los 50 años entró en el convento de San Francesco (San Francisco)
en Brescia y tomó el hábito de los frailes franciscanos menores conventuales.
En el año de noviciado tuvo como maestro el español padre Dionisio
Vicente y Ramos, santo y docto religioso, ya beatificado.
Encargado de la portería y de cuidar a los pobres,
fray Giacomo ejercía cada encargo con diligencia y paciencia
extaordinaria. Durante treinta años sirvió la portería y
a los pobres con sonrisas y paciencia; continuó su trabajo
de zapatero reparando los zapatos de los frailes, de los
jovenes clerigos y de muchos indigentes.El secreto de su vida fue el rezar continuo y profundo que tenía como don. Vivió la obediencia de una manera radical, en total dependencia de sus superiores; reservado por su carácter, quiso para sí el último puesto en todo, contento con servir sin llamar la atención, según el estilo de vida de la Virgen María, a quien era muy apegado. Sólo después de su muerte se conoció la esencia mística de su espiritualidad. En sus Diarios escritos por orden de los superiores, fray Giacomo, por medio del sencillo lenguaje del hombre de pocos estudios, asentó experiencias interiores y locuciones que lo unen a los místicos. Transcurrió los últimos años relegado a su celda, imposibilitado a caminar y padeciendo de las molestias de su edad (tenía casi 90 años).
Murió la tarde del 27 de enero de 1967 y fue enterrado en el
cementerio de la ciudad.El 17 de noviembre de 1989 empezó el proceso diocesano para reunir los escritos y las memorias relativos a su vida y a su virtud. Concluida la búsqueda diocasana, en 1991 se trasladaron los testimonios a Roma, a la competente Congregacíon. La tarde del 28 de abril 1994 el cuerpo de fray Giacomo fue trasladado e inhumado en la iglesia San Francisco de Brescia. Desde entonces su tumba es meta de peregrinaje para muchos creyentes que tratan de conformarse a Cristo. |
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